Había una vez dos hermanas gemelas, cuyos nombres eran Vanesa y Verónica. Una de ellas, Verónica, estaba enferma, tenía los huesos muy débiles, sobre todo en la pierna derecha, que la tenía más débil que el resto del cuerpo. Un día, las hermanas iban al bosque juntas, donde jugaban de pequeñas, y de repente, sintieron que un hombre las perseguía y pensaban que quería hacerles daño. Ellas no supieron qué hacer, y no tuvieron más remedio que salir corriendo para evitar que las cogiese. Verónica no podía correr, debido a su enfermedad, pero no podía detenerse. Vanesa iba más adelantada qué ella, pero tampoco podía dejar atrás a su hermana, así que le intentó dar ánimos y le dijo:

—!Vamos Verónica, corre que nos alcanzará!—dijo Vanesa— esperando que su hermana corriera más.

—¡¡No puedo correr más!! —contestó Verónica.

Las chicas corrieron, pero Verónica quedó atrás. Aquel hombre ya había desaparecido, parece ser qué dejó de perseguirlas hace tiempo, pero ellas se dieron cuenta ahora. Entonces, Vanesa retrocedió para ver qué le había sucedido a su hermana.Ya qué estaba tendida en el suelo, seguramente se hubiera caído mientras corría. Se había doblado la pierna derecha, y no podía levantarse del suelo.

-Vamos intenta levantarte. Dijo Vanesa, pero no esperaba gran resultado.

—No, no puedo, ve a buscar ayuda. —contestó ella.

—No puedo dejarte aquí tirada, aquel hombre podría volver —Gritó Vanesa— pero ya sin esperanza, y con un gesto desilusión y angustia en su cara.

Intentó levantarse, pero no pudo. En un intento desesperado, Verónica se apoyó con todas sus fuerzas en sus dos piernas, pero no lo resistieron, y a causa de la debilidad de sus huesos, Verónica murió. Su hermana no supo que hacer, y la cogió en brazos y se la llevó a casa. Toda su familia fue a verla a su funeral, fue muy triste. Vanesa estaba muy mal, incluso se sentía culpable por haber forzado a su hermana.

Al cabo de una semana, mientras Vanesa hacía los deberes, le pareció oír un ruido en el salón, (ella estaba sola en casa), y bajó a ver que pasaba. Cuando bajó vio que no pasaba nada extraño, y se disponía a subir cuando de repente, notó como si llamaran a la puerta. Pensó que sería algún vecino, que vendría a pedirle algo, pero no fue así, no era ningún vecino. Creyó estar viendo a su hermana.

-¿Verónica? ¡No puede ser! Pero si tú estabas……Bueno…..Quizá fue culpa mía…...

Después de decir aquello, creyó oir una voz débil y apagada, que le pareció reconocer como la de Verónica.
No importa de quien fuera la culpa....Sintió decir. Ya que he conseguido volver para decirte que aquel hombre del bosque, no venía a hacernos daño, sino a devolvernos algo que nuestra madre le había dado cuando nacimos, algo como una cadena de oro a cada una donde tenía grabado un mensaje para nosotras.......´´—creyó escuchar—.

—¿Y cómo sabes todo eso? —preguntó Vanesa.

Otra vez sintió la voz:``Porque yo vengo del cielo, y desde allí se ve todo....´´. —Oyó— y convencida de que era Verónica, decidió hacer caso.

Al día siguiente, Vanesa fue al bosque a buscar aquel hombre del otro día, y preguntarle sobre las cadenas. Pasó media hora, pero al final lo encontró, estaba sentado en un banco.

—Vaya, hola Vanesa! —dijo el hombre.

—¿Cómo sabe mi nombre? —respondió Vanesa.

—Hace mucho tiempo, yo era el mejor amigo de tu madre, casi como un hermano para ella. Antes de que ella muriera, me dijo que cuando cumplierais 16 años, os diera estas cadenas como recuerdo de ella.

El hombre le entregó a Vanesa las dos cadenas, y se fue. Vanesa volvió a casa feliz por tener un recuerdo de su madre, aunque no pudiera darle a Verónica su cadena, la echaba mucho de menos. Y desde aquel momento vivió con su tía en otra ciudad lejos de allí.